martes, 12 de agosto de 2014

There's no need to be shame

Ella volvía a casa después de un duro día en la oficina. Para colmo, las gafas se le habían caído y uno de los cristales estaba completamente roto. Metió y giró la llave, abriendo la puerta y entrando en el silencioso y oscuro portal. Vivía en la peor zona de Londres. Bandas, prostitución, drogas, disparos a las tres de la mañana. Por eso mismo no tenía coche. Si lo tuviese, seguramente ya se lo habrían robado.

Sin encender la luz, se acercó a los buzones y comprobó que solo había propaganda de comida basura, retiros espirituales y juguetes eróticos. Metió los panfletos religiosos en el buzón del Tercero B y se quedó con los otros dos. Mientras observaba los nuevos vibradores, dio unos pasos firmes, a pesar de no ver nada, hasta las escaleras. Hubo un juguete en especial que le encantó. Era morado. Ella amaba el morado. Pequeño, un poco gordito, con control remoto y distintas velocidades. ¡Por el módico precio de 40 libras! ¡Y además te regalaban el lubricante y unas bolas chinas! Ella había retirado las suyas, así que estaba feliz de haberse topado con ese pack. Guardó el anuncio en el bolso y comenzó a subir las escaleras.

Vivía en el quinto. Siempre subía por las escaleras y, siempre que podía, lo hacía a oscuras. Le excitaba pensar que un extraño pudiera estar detrás de ella, siguiendo sus pasos. No veía nada y, mucho menos, sin las gafas. Pero era como una gata. Llevaba tantos años haciendo lo mismo que se había acostumbrado a la oscuridad. Si fijaba bien la vista, podía llegar a ver sutilmente los escalones. A cada paso que daba, su respiración y excitación aumentaban. No había nadie detrás de ella, pero su poderosa imaginación hacía que acabase húmeda.

Necesitaba con urgencia comprarse ese vibrador.

Llegó a su piso con el pulso acelerado, mojada y con los pezones duros rozando su sostén de encaje negro, pidiendo ser liberados. Miró atrás, esperando encontrarse a su supuesto agresor y, como siempre, lo único que vio fue oscuridad. Metió la llave en la cerradura y cuando escuchó el clic, empujó y un delicioso olor a jazmín le dio la bienvenida. Sin encender la luz, dejó las llaves en el platito de barro que le había hecho su sobrina por su veinticinco cumpleaños y colgó el bolso y la chaqueta en el perchero. Sin quitarse los zapatos, se adentró en la oscuridad de su casa. El olor a jazmín la persiguió hasta la cocina, donde dejó paso al olor del pollo asado que había comido ese medio día. Abrió la nevera y cogió la botella de  vino blanco. Buscó un vaso limpio y, al no encontrar ninguno, cogió la taza que su sobrina le había regalado las navidades pasadas, donde se podía leer "The best auntie". Lo llenó hasta casi rebosarlo y le dio un trago. Por fin podía decir que el día había acabado. Dio otro pequeño sorbo, liberando así toda la tensión acumulada. Su trabajo le dejaba agotada. Era parte de la Policía Metropolitana de Londres. No llevaba uniforme, ni porra, ni pistola. Ella era analista. Se sentaba durante horas delante de su ordenador y buscaba e investigaba toda la información necesaria que le pedía su jefe para resolver los casos. Y ese día habían tenido uno de esos casos duros, destructivos, donde todos salen malparados. Pero lo habían resulto. Ya estaba. Cerrado y bien guardado en un rincón de su mente.

Ella no era policía, por lo que no tenía brazos ni piernas musculados, ni tampoco tenía un saco de boxeo colgado en su salón para atizarle cada vez que necesitara despejarse. Le gustaba estar en forma, pero por otros motivos bien distintos.

Se rellenó la copa y cuando fue a dejar la botella en la encimera, un soplido en su nuca hizo que acabara en el suelo, hecha añicos. Agarró con fuerza la taza, como si ésta tuviera vida y tuviera que protegerla. Qué bien le vendría ahora tener una pistola, porque, aunque no lo reconocería nunca, estaba muerta de miedo. Había soñado infinidad de veces con situaciones similares. Pero una cosa eran los sueños y otra muy distinta, la realidad. Aguantó el aliento y rezó para que ese soplido fuera simplemente una brisa que había entrado por la ventana. Pero ella no se había dejado ninguna ventana abierta. Tenía la carne de gallina. Su corazón iba tan rápido que pensaba que acabaría atravesándole el pecho. Una leve caricia en su brazo derecho le hizo temblar de pies a cabeza. Intentó recordar todas esas películas donde la víctima era más lista que el agresor y conseguía salir ilesa, pero en ese momento solo le venía a la cabeza el caso que acababa de cerrar. Mierda. Entonces intentó memorizar las clases de defensa personal. Necesitaba relajarse o acabaría en la mesa de un forense. Respiró profundamente, intentando calmar su agitado corazón y decidió darse la vuelta para enfrentarle.

Pero su agresor no le dejó.

La empujó e hizo que su tembloroso cuerpo chocara contra la encimera. El intruso cogió la taza que le había regalado su sobrina y la dejó en la mesa. ¿Por qué había hecho eso? Ella pudo ver que llevaba guantes y una camiseta de manga larga o un jersey. Doble mierda. Así no podría ver si llevaba algún tatuaje o alguna marca. Seguro que también llevaba un pasamontañas. Mientras la mano derecha del hombre  le sujetaba la nuca, con la izquierda comenzó a hacer un recorrido por su pierna, subiendo hasta su culo, donde se detuvo y se entretuvo. Ella quería llorar. Llorar y gritar, pero el miedo la tenía paralizada. El sujeto dejó su nuca y agarró fuertemente su pelo, tirando de él hacia atrás, dejando su cuello vulnerable. Ella tragó saliva. Él acercó su boca y posó sus labios justo debajo de la mandíbula. Ella cerró los ojos. ¿Le había excitado ese beso? No. No podía ser. Estaba confundida y asustada. Habría confundido las sensaciones. Asco. Sí, estaba segura de que había sido asco lo que había sentido. Apretó los labios cuando sintió una mano colándose por debajo de su blusa. Las caricias de aquel hombre eran suaves, casi podría decirse que hasta delicadas. ¿Por qué no la violaba y acababa con los preliminares? ¿O acaso el sujeto solo se excitaba con eso? Intentó grabarse a fuego esas preguntas en el cerebro por si luego le servían de algo. También intentó memorizar su olor. Olía a una mezcla entre sudor y colonia de hombre. Había algo en el perfume que le era muy familiar.

El desconocido le mordió el hombro. Apretando. Dejando su piel roja y con restos de saliva. Ella jadeó de dolor. Pero aguantaría. Él le sobó el culo, pellizcándoselo y dándole pequeños azotes, como si así supiera que la estimularía. Y no se equivocaba. La agente empezaba a tener calor. ¿Cómo era posible que en una situación así se pusiera cachonda? ¿Estaría mentalmente enferma? ¿Necesitaba terapia? Se mordió el labio cuando él, muy lentamente, deslizó su mano hasta su entrepierna. Él le acarició el sexo por encima de los pantalones. Las piernas de ellas no tardarían en ceder. No podía negarlo más. Estaba muerta de miedo, pero a la vez quería que le arrancara la ropa de una maldita vez y la follara.

Sin duda necesitaba ir al psicólogo.

Una pequeña parte de su cerebro le decía que desconectase y se dejase llevar por las sensaciones. Y la parte coherente le decía que le hiciese una de esas técnicas que le habían enseñado y dejarle inmovilizado en el suelo. Con cada caricia, cada mordisco, cada beso, su parte lasciva iba ganando. "Te matará y lo sabes". Decía una vocecita en su mente. "Lo has visto miles de veces. Te violará y luego te matará". Intentó no escucharla, ignorarla porque su deseo cada vez era mayor. "Lo que de verdad te debería importar es lo que le dirán a tu querida sobrina". Gruñó porque no era justo que esa puta vocecita le recordara en ese momento a su pequeña Jess. "¿Y tu hermana?". Ella volvió a gruñir. Mientras, él decidió que se habían terminado las delicadezas. Le apoyó las dos manos en la mesa y con una pierna, le abrió un poco las suyas. Sintió su paquete rozarse con su culo. Y entonces cualquier rastro de coherencia desapareció. Podía notar su polla dura y dispuesta a penetrarla. Y ella lo quería.

El hombre desabrochó el pantalón de ella y se lo bajó, dejándola en bragas. Volvió a masajear su sexo, pero esta vez ya no estaba el pantalón de por medio. Ella gimió cuando volvió a sentir su erección contra su culo. Dios, eso tenía que ser muy grande. Se mordió el labio para no volver a gemir. No quería darle ese gusto al violador. Suficiente tenía con tenerla tan mojada y dispuesta a dejarse hacer. Él le quitó la blusa, rompiéndola y dejándola inservible para el futuro. Puso sus manos sobre sus tetas, aún cubiertas por el sujetador. Las apretó y ella jadeó. Bajó la prenda y por fin liberó sus duros pezones. Con una mano torturaba uno de estos, con la otra, seguía masturbándola por encima de las bragas. Seguro que el hombre nunca hubiera imaginado tenerla tan mojada y preparada para la penetración.

Sin verlo venir, la apartó y la empotró contra una de las paredes de la cocina. Volvió a separarle las piernas y con un dedo, apartó las bragas y comprobó lo húmeda que estaba. ¿Cuándo se había quitado los guantes? ¿Y por qué hacía todo eso si su intención era violarla y quizá matarla después? Ella no entendía nada. Pero, al igual que él, toda la sangre de su cerebro estaba concentrada en otra parte. Por eso no le importaba si ése iba a ser su último polvo.

El hombre mordió el lóbulo de su oreja izquierda y cuando la escuchó gemir, le puso un dedo en la boca y sin obligarle ni nada, ella comenzó a chupárselo y mordérselo.

- Eso es... - escuchar su voz hizo que se estremeciera. ¿Acaso le era familiar? Tenían que ser imaginaciones suyas.

Siguió penetrándole la boca a la vez que se lo hacía a su sexo. Ella echó la cabeza hacia atrás y la apoyó en el hombro de él. Se iba a correr y ni siquiera había probado la enorme polla que se escondía detrás de esos pantalones. El dedo desapareció de su boca y de repente escuchó el sonido de la bragueta abrirse. Se relamió ansiosa. Él le arrancó las bragas y volvió a introducir un dedo.

"Dios, está tan mojada", pensó el hombre.

Le sacó el dedo y le dio la vuelta. Por fin podía ver a su agresor. Pero no le dio tiempo a reaccionar, porque él le metió la lengua hasta la campanilla, asfixiándola con un beso abrasador, salvaje. Ella, instintivamente llevó las manos a su cuello, pero él no le dejó. Sin que ella se hubiese dado cuenta, se habían acercado a la mesa y después él, de un empujón, la recostó tirando el jarrón que había en medio. Le abrió las piernas y la penetró, sin ir despacio, sin tener cuidado de hacerla daño. Ella gritó de dolor. Eso que tenía dentro era demasiado grande. Pero poco a poco se acostumbró a él y, sus embestidas comenzaron a volverle loca. Él le apretaba las tetas y pellizcaba sus pezones. Con dureza, sin piedad.

- Ah... - ella estaba a punto de llegar al éxtasis. Él no tardaría en seguirla.

Lo que estaba sintiendo era inmoral, pero su moral y buen juicio hacía rato que habían desaparecido. Solo podía disfrutar de lo que ese hombre le estaba haciendo. Si iba al infierno, lo haría con la cabeza alta.

De repente, la cocina se llenó de los gritos de ella al llegar al orgasmo. Y segundos después, de los de él.



Una hora después...


- Jo...der - ella intentó moverse pero le era imposible. Estaba tumbada en la cama, pero no podía mover un solo músculo.
- ¿Estás bien? - él le miró sin dejar de sonreír.
- Mejor que bien - se acercó y le dio un beso.
- ¿Cuándo supiste... que era yo? - preguntó curioso.
- Tu olor te delató - él se olisqueó pero no notó nada raro.
- Tuviste miedo al principio. Lo noté.
- Nos ha fastidiado - le pegó en el pecho y él la acercó más a su cuerpo. - He estado a punto de inmovilizarte.
- Ya, claro - ella puso los ojos en blancos al ver esa sonrisa de suficiencia. - Por eso has gemido casi desde el principio.
- Idio... - él la besó para callarla. - Me ha parecido muy raro que me quitaras la taza de las manos y la dejaras con tanta delicadeza.
- No quería romperla o me hubieras matado - volvió a besarla.
- ¿Por qué has hecho todo esto? - se incorporó y se quedó sentada mirándole.
- Quería darte la enhorabuena por cerrar el caso de una maldita vez - sonrieron los dos a la vez. - Me lo ha dicho Kate.
- Has conseguido que mi día mejore - volvió a recostarse sobre él. - Gracias.
- Para eso estamos - agarró la sábana y cubrió sus cuerpos desnudos. - Mañana no hagas planes.
- ¿Más violaciones? - ella rió y él le mordió el labio.
- No idiota - se quedó un minuto callado, creando intriga. - Tengo varias sorpresas.
- ¡Ah! - gritó emocionada. - Te quiero mucho. Lo sabes, ¿verdad?
- Lo sé - le dio un beso en la nariz y luego se estiró para apagar la luz. - Buenas noches, pequeña.


- Buenas noches - sonrió feliz y cerró los ojos, tardando muy poco en entrar en el mundo de los sueños.

Verdad o prenda

Estaba como en un sueño. Cuatro de los hombres más sexys que conocía estaban desnudos delante de mí. Había tenido esa fantasía demasiadas veces y ahora que los tenía delante me costaba creérmelo. Todo había empezado con una apuesta de Danny. Estábamos en casa de Tom, como siempre. Estábamos bebiendo y cuando ya íbamos bastante borrachos, al pecoso se le ocurrió jugar a "verdad o prenda". Poco a poco nos fuimos desnudando. Cuando todos nos quedamos en ropa interior, Harry propuso hacerlo más interesante. Empezaron siendo besos inofensivos, mordiscos en zonas sin peligro alguno, cachetes en el culo y concursos de gemidos. Pero a medida que iba pasando el tiempo, la cosa se iba calentando. A mí me tocó quitarme el sujetador. Me levanté, les di la espalda y lo hice muy sensualmente, sabiendo que los cuatro me miraban sin apenas parpadear. Cuando me lo quité, me di la vuelta cubriéndome las tetas y sonriendo con malicia. Me habían dicho que me quitara el sujetador, no que les mostrara nada. Pero ellos no hicieron lo mismo. Cuando les tocó desnudarse del todo, no se taparon sus miembros. Sonreí al ver que ya estaban duros y que yo había contribuido a ello. Danny me miró. Y como si no tuviera vergüenza, se cogió la polla y empezó a masturbarse. Yo no podía quitar la mirada de su entrepierna, me tenía hipnotizada. Incluso empecé a relamerme los labios, deseando ser yo quien hiciera eso.

-  Cógesela - me giré y vi que Harry me señalaba la polla de Danny.

Yo asentí y me fui acercando hasta su posición como si fuese una gata en celo. Danny apartó su mano y me miró con una sonrisa de suficiencia. Se la cogí y empecé a acariciarla. Agaché la cabeza y sin que nadie se lo esperase, lamí su glande. Danny gimió y el resto de sus amigos abrieron mucho los ojos. Se empezaron a mirar, sin saber qué hacer. Fue Harry el que tomó la iniciativa. Se acercó a mí y me acarició la espalda. Deslizó un dedo por dentro de mis bragas y me acarició el clítoris, presionándolo y pellizcándolo. Me giré con la polla de Danny en mi mano y vi a Harry tocarse. Estaba tan excitado que lo podía notar hasta en el brillo de sus ojos. Miré a Danny y con una sonrisa traviesa me metí su polla en la boca. Primero despacio, pero no tardé en aumentar el ritmo cuando noté su mano sobre mi cabeza, presionando para que fuera más rápido. Doug y Tom seguían estáticos, se miraban y boqueaban, pero no conseguían moverse hasta que otra vez Harry habló.

-  Enano, besa a Tom.

Los dos se miraron. Tom parecía avergonzado, pero el alcohol en su cuerpo le impedía decir que no. Así que se acercó a su amigo, agarró su cara y le besó. Al principio notó resistencia por parte de Doug, pero éste no tardó en seguirle el beso.


Harry dejó de masturbarme, se agachó y lamió un par de veces mi clítoris, estimulándolo al mismo tiempo con los dedos. Yo estaba a cuatro patas, así que después de eso, se agarró de mi cadera y me penetró, entrando lentamente, sintiendo y disfrutando la estrechez de mi vagina. Las embestidas eran largas y profundas, pero no tardaron en convertirse en salvajes. Acompasé sus movimientos a los míos con la polla de Danny. Él gemía y maldecía, pero no pudo decir nada más cuando notó una presión sobre sus labios. Doug lo estaba besando. El pecoso sonrió satisfecho y llevó su mano al miembro de su amigo y comenzó a masturbarlo. Doug levantó la mirada al escuchar el fuerte grito que había soltado Harry. No había podido aguantar más y se había corrido dentro de mí. Se apartó, exhausto y se apoyó contra un sofá, pero sin dejar de mirar la escena. Su posición la ocupó Tom, quien lamió mi vagina, llevándose con la lengua el semen de su amigo. Tiró de mi pelo e hizo que le chupara un dedo. Se lo lamí y después introdujo otro. Cuando  quedó satisfecho, los sacó y fue acariciando mi espalda, hasta la entrada de mi ano. Introdujo uno de los dedos lubricados por mi saliva y a continuación el otro. Yo sentía que me iba a desmayar de placer. Cuando Tom vio que mi culo estaba preparado, puso su polla en la entrada y la fue introduciendo poco a poco. Una vez dentro, se agachó y empezó a acariciar mi clítoris. Yo busqué con la mirada a Danny, pero se había movido y ahora estaba sentado al lado de Dougie, haciéndole una mamada. Tom iba despacio, penetrándome profundamente. Pero cuando notó que iba a explotar, aumentó el ritmo. Harry se acercó a mí y acarició mis pezones, aumentando mi placer. Sin duda eso ayudó a que el orgasmo fuera más espectacular. Me tensé y una oleada de placer me invadió todo el cuerpo. Tom alargó la última penetración y se corrió segundos después de que lo hiciera yo. Caí agotada al suelo, no podía ni moverme. Pero aquello aún no había terminado. Harry me obligó a sentarme en el sofá y me abrió de piernas, introduciendo dos dedos en mi vagina y mordiendo mi clítoris, volviendo a encenderme. Miré hacia Danny y vi que estaba follando a Doug. Me separé de Harry y me dirigí a la pareja como pude. Paré a Danny y le obligué a sacarla del culo del enano.

-  Fóllame a mí - le supliqué.

Danny me hizo caso y me tumbó casi con violencia en el suelo. Dougie protestó, pero Harry no tardó en llegar hasta él y besarle. Después le dio la vuelta y lo embistió, como segundos antes estaba haciendo Danny. Tom veía las dos escenas y se masturbaba, pero de vez en cuando se acercaba a mí y me besaba a la vez que me acariciaba. Danny me abrió las piernas y sin decir nada me penetró. Parecía un loco, no tenía ningún cuidado y eso me excitaba más. Con los besos húmedos de Tom y las embestidas tan brutales de Danny, no tardé en correrme. Agarré con mis piernas a Danny y no lo solté hasta que noté que él también llegaba al orgasmo. Se tumbó sobre mí y me besó. Luego se apoyó en el sofá y observó cómo Tom se corría delante de Doug y Harry. Luego cogió la polla de Doug y le masturbó hasta que éste tensó sus músculos alrededor de la polla de Harry y manchó la mano de Tom y el suelo con su semen. Harry no tardó en seguirle, notar el culo prieto del enano en torno a su hinchada polla ayudó a que se corriera por segunda vez.



Acabamos los cinco tumbados en el suelo. Todos respirábamos con dificultad, intentando recuperar el aliento. En ese preciso momento empezaba a amanecer, lo que quería decir que nos esperaba una gran resaca y una gran locura que todos recordaríamos.

Fiesta de disfraces

Me habían invitado a una fiesta de disfraces. Tenía que vestirme como una dama del siglo XVIII. Y lo más importante, tenía que llevar una máscara. Era la típica fiesta donde lo importante no era tu rostro. La idea había sido de unos amigos, tenían una gran mansión en las afueras de Londres y querían inaugurarla celebrando una gran fiesta.

Harry se puso un traje negro, con una camisa blanca y el típico pañuelo. Yo elegí un vestido azul, muy ceñido en la zona de mi pecho, haciendo que éste resaltara demasiado y con mucho vuelo en la parte inferior. Le pedí ayuda a Harry con el corsé y él se colocó detrás de mí, anudándolo lentamente.

- Lástima que no pueda quitártelo - dijo besándome en la piel desnuda de mi hombro.
- La mansión tiene muchas habitaciones - dije dándome la vuelta y mirándole con picardía.

Le di un beso en los labios, apenas un roce, pero Harry me agarró de la cintura y no me soltó hasta que no se llevó todo el color de mis labios. Ahora me tocaba volver a maquillarme.

Nos montamos en el coche y en una media hora llegamos. Cuando abrí la puerta pensé que habíamos retrocedido en el tiempo. Hasta los camareros iban con trajes de la época. Saludamos a nuestros amigos y cogimos una copa. Un cuarteto de cuerdas ambientaba la fiesta. Incluso había gente que se había propuesto hablar como si de verdad estuvieran en el siglo XVIII.

Harry desapareció de mi lado. Lo busqué entre la multitud, pero al no encontrarlo, decidí dar una vuelta por aquel gigantesco salón. La gente se había apartado del centro de la sala, dejando que unas cuantas parejas bailasen al ritmo de la música. Me quedé observándoles con la copa en la mano y dando pequeños sorbos de vez en cuando. De repente, un suave toque en mi hombro hizo que tuviera que girarme. Me encontré con un chico bastante más alto que yo. Con el pelo corto y despeinado. Llevaba un traje azul oscuro. Me tendió la mano y al ver que yo no hacía nada se dirigió a mi oído.

- ¿Me concede este baile? - me provocó un escalofrío y para intentar esconderlo, asentí con la cabeza rápidamente y le cogí la mano.

Me dirigió al centro de la improvisada pista de baile. Me agarró de la cintura con delicadeza, agarró una de mis manos y la otra la colocó en su hombro. Yo no tenía ni idea de cómo bailar aquella melodía, pero parecía que él tampoco sabía. Empezó a moverse y yo le seguí. No seguíamos para nada el ritmo de la música, pero nos daba igual.

Miré a mi alrededor y después clavé mi mirada en la suya. Hasta ese momento no me había dado cuenta de que el azul de sus ojos era del mismo tono que mi vestido. Pero además, eran unos ojos que hipnotizaban.

- No me has dicho tu nombre - su voz hizo que rompiera el contacto visual.
- No me lo has preguntado - le dije con una sonrisa tímida.
- Es verdad - se quedó un momento pensativo y volvió a hablar - ¿Cómo te llamas?
- Nicole - volví a perderme en sus ojos. - ¿Y el tuyo?
- Un beso tuyo por mi nombre - por un momento creí que estaba bromeando, pero su sonrisa de suficiencia dejaba claro que iba en serio.
- No estaría bien - pero sin querer me mordí el labio, haciendo que la mano que estaba en mi cintura descendiera un poco.
- Entonces no te diré mi nombre - estaba jugando conmigo y los dos sabíamos quién ganaría.

Sin pensármelo dos veces, me puse de puntillas y rocé sus labios. No quería tentar a la suerte. Si Harry me veía besándome con otro no sabía lo que podía pasar.

- Eso no ha sido un beso - dijo él sin borrar su sonrisa.
- Es lo único que te puedo dar - pero volví a morderme el labio.
- Otro beso y te diré mi nombre - su mano estaba en el límite de mi espalda y eso hizo que mi pulsación comenzara a acelerarse.
- ¿Eres así de insistente con todo? - con la mano que descansaba en su hombro, acaricié sutilmente su cuello, provocándole un escalofrío.
- Puedo llegar a ser muy pesado si me lo propongo - me acercó un poco más a él.

Me agarró solo de una mano y me dio una vuelta. Pero después volvió a la postura anterior. Me miró a los ojos y se acercó lo suficiente para que pudiera notar su aliento en mi cara. Le maldije por dentro, pero aún así, volví a besarle. Esta vez fue un poco más largo, pero no tardé en separarme. Habíamos parado de bailar por un segundo para que el beso fuera perfecto.

- Danny - dijo volviendo a moverse al compás de la música.

Seguimos bailando durante un rato más. Sabía que Harry estaría buscándome y que estar bailando con otro hombre no era lo más adecuado, pero mi cerebro no podía pensar con claridad teniendo sus manos tan pegadas a mi cuerpo.

Cuando la orquesta decidió tomar un descanso, Danny me condujo por la multitud hasta la puerta que daba al jardín. Se apoyó contra la pared y sacó un cigarrillo de su chaqueta.

- ¿Sabes que fumar mata? - le miré y esperé  a que él hiciera lo mismo.
- Sí. Pero la vida es aburrida sin un poco de riesgo - dio una última calada y lo tiró al suelo.

Esa frase se me quedó grabada en la cabeza. En ese momento pensé en Harry. Había venido a la fiesta con él y lo había dejado tirado para irme con un desconocido.

Vi una mano pasar varias veces por mis ojos y comprendí que me había quedado pensando en mis cosas durante demasiado tiempo. Le sonreí para no preocuparle y me adentré en aquel gigantesco jardín, esperando que Danny me siguiera.

Me dirigí a una pequeña fuente que estaba rodeada de arbustos, creando un ambiente íntimo. Me senté en un banco que había al lado y esperé. Al segundo de estar allí, noté un dedo recorriendo mis hombros. Cerré los ojos antes de girarme y encontrarme con los ojos de Danny mirándome fijamente. Se sentó en el banco, muy cerca de mí. Acarició mi brazo y yo suspiré. Él puso un dedo sobre mis labios sabiendo que iba a protestar. Negó con la cabeza y con mucho cuidado me quitó el antifaz. Me observó durante unos minutos y volvió a acercarse hasta que nuestras narices se rozaron. Cerré los ojos y dejé que me besara. Los besos de Harry eran tan diferentes. Transmitían mucho cariño. En cambio, los besos de Danny eran puro deseo. Me atrajo hacia él e hizo que me subiera encima de sus piernas. Yo me aferré a su pelo mientras sus manos iban de un lado a otro de mi cuerpo, juguetonas, explorando cada rincón. Las bajó a mi culo, apretándolo bien fuerte y eso me provocó el primer jadeo de la noche. Dejé de besarle por un momento y le miré, tenía los ojos brillantes y los labios hinchados por culpa del beso. Esta vez fui yo quien le quité el antifaz. Lo hice muy deprisa, deseando ver su rostro. Y me gustó lo que vi. Danny pareció darse cuenta y después de sonreír volvió a besarme. Esta vez fue mucho más ardiente que el beso anterior.

Paró de besarme. Se levantó y yo le imité. Me dio la vuelta y me abrazó por detrás, pasando sus brazos por mi cintura. Colocó una mano en mi entrepierna por encima del vestido y apretó. Besó y mordió mi cuello intentando no dejar ninguna marca visible. Se apartó un poco de mí y desabrochó el corsé como si lo hubiese hecho toda su vida. Dejó que cayera un poco e introdujo sus manos, acariciando mis tetas y volviendo a pegar sus labios a mi cuello y hombros. Yo no sabía muy bien qué hacer. Era la primera vez que me pasaba algo parecido. No tardé en notar un bulto apretándose contra mi culo. Danny no dejaba que pasase nada de aire entre nuestros cuerpos. De vez en cuando gemía contra mi oído y eso me excitaba más. Dejó mis tetas y se agachó para poder coger mi vestido y subirlo e introducir su mano. Llegó hasta mis bragas y sin pedir permiso introdujo dos dedos dentro de mí. Mientras Danny me masturbaba, yo me restregaba contra su polla, cada vez más dura. Cuando noté que iba a explotar, me di la vuelta y empujé a Danny para que se sentara en el banco. Le desabroché el pantalón y lo bajé un poco. Hice lo mismo con los calzoncillos y agarré su polla mientras introducía mi lengua en su boca. Danny puso sus manos en mis piernas y las fue acariciando hasta llegar a las bragas. Dio un tirón y me las quitó. Yo me subí un poco el vestido y me senté encima de su polla. Danny me agarró del culo y yo empecé a moverme. Mordí su cuello con fuerza, haciendo que gritara y que las embestidas fueran más violentas. Metí mis manos por debajo de su camisa, acariciando y arañando su cuerpo. Siguió follándome mientras lamía y mordía mis pezones. Yo gemía y me agarraba a su pelo, pidiéndole, suplicándole que fuera más deprisa. Danny me tumbó en el banco. Aumentó el ritmo de las embestidas y unos segundos después me corrí. Pero yo seguí besándole, acariciando su espalda y mordiendo en los puntos clave para que él no tardara en seguirme. Y no mucho después llegó al orgasmo.

Se quedó un momento tumbado encima de mí, recuperando el aliento. Se sentó y se arregló el traje como pudo. Me ayudó con mi vestido y me dio la mano para volver a la fiesta. Cuando llegamos a la puerta, nos pusimos el antifaz y cada uno se fue con sus amigos,  dejando lo que había pasado en el jardín como un simple recuerdo.
Me dirigí hacia donde estaban mis amigos y no vi a Harry. Esperé un rato y por fin lo vi aparecer. Le saludé con una tímida sonrisa y él me besó. Intenté disimular lo mejor que pude, le devolví el beso y le dije que estaba cansada. Nos despedimos de todos y nos metimos en el coche rumbo a nuestra casa.


Lo que no supe hasta muchos días después, era que no habíamos estado solos en el jardín. Alguien lo había visto todo y le había gustado.

Una loba en el armario

"Como te duermas te corto la picha"

En qué mala hora le he hecho caso. Justo en la noche más fría, me pide que vaya. Y yo, como un tonto enamorado voy. Parezco su perrito faldero. "Doug, ven" y yo voy. "Doug, haz esto" y el gilipollas de Dougie lo hace. Mi móvil vibra y abro el mensaje.

"Que te esperes joder. Geo se está duchando"

Si la gente supiese lo que estoy haciendo me señalarían y cantarían al unísono lo pringado que soy. Pero es que soy incapaz de pararlo. Cuando te enamoras, te enamoras. Si mi corazón palpita a mil por hora cada vez que dice mi nombre, ¿qué puedo hacer? Pero ojala fuera distinto. Todo el mundo sabe que soy gay. Fue duro salir del armario, pero ahí estaban mis amigos y familia para apoyarme. Y tuve la mala suerte de enamorarme del menos indicado. Danny no es gay. Bueno, eso dice él. Delante de Tom y Harry se hace el duro y el machito, pero cuando está a solas conmigo es el más ñoño de todos. Me abraza, me da besos, me dice cosas bonitas y llora cuando vemos alguna película romántica. ¡Y luego soy yo la nena del grupo! Pero claro, Danny tiene que mantener su pose de tipo duro. No quiere perder su estatus. Le gusta eso de tener a millones de tías mojando sus bragas por él, que le inviten a discotecas por ser quien es, que le regalen cosas... Y claro, siendo gay todo eso no lo tienes. Se cree que si sale del armario dejará de ser ese dios sexual que tantas veces hemos escuchado decir a las fans. Porque claro, siendo gay no puedes serlo. Y lo peor de todo. Si saliese del armario, tendría que dejar a Georgia y no está dispuesto a hacerlo. Su relación es muy extraña, porque Danny y yo nos vemos a escondidas, así que mucho no debe quererla. Pero él está empeñado en que sí, que ella es con la que quiere pasar el resto de su vida y bla, bla, bla. No sabe el daño que me hace cada vez que le escucho decir eso. Me dan ganas de meterle la cabeza en el microondas hasta que explote. Pero en el fondo me lo merezco. Podría acabar con esta situación. Decir basta. Pero mi corazón no es capaz de dejarle. Le amo, ¿vale? Danny es idiota, pero es mi idiota. Cuando estamos juntos me hace reír y consigue que me olvide de toda la mierda que nos rodea. Tenemos una relación muy complicada. Podría decirse que destructiva, pero me da igual. Prefiero disfrutar de Danny a escondidas que no hacerlo.

"Dime que no te has ido, por favor. Enano, siento haberte hablado así. Ven, por favor."

Es el tercer mensaje que me envía. Estaba tan empanado pensando en lo idiota que soy por estar ahí que no me he dado ni cuenta. Pero, ¿veis cuando digo lo adorable que es Danny? Sonrío como un bobo y camino hasta la entrada intentando no hacer mucho ruido. Danny me abre la puerta y puedo ver culpa en su rostro. Me está pidiendo perdón sin palabras. Entro en su casa poniendo mi mejor cara de cabreo y dejo que el pecoso se arrastre un poco. Puede ser divertido.

- Lo siento Doug - susurra mientras me lleva hasta su estudio.
- Esto tiene que acabar, Dan. No puedo seguir así - palidece y abre mucho los ojos.
- ¿Qué? ¿Por qué? - cierra la puerta tras de sí y se acerca mucho a mí. - Dougie, no me hagas esto. ¿Es por Geo?
- Es por todo Danny - vale, creo que me estoy pasando. Su cara de cachorrito degollado me está haciendo sentir muy culpable, así que es mejor parar. - Pero puedes arreglarlo si esta noche me haces sudar.
- Eres idiota - suspira aliviado y me acorrala contra la puerta. - Así que quieres sudar...
- Aja - tenerlo tan cerca me pone nervioso. Sus labios están pegados a mi cuello y sus manos ya están debajo de mi camiseta.
- Veamos qué puedo hacer para que sudes - susurra y siento su aliento chocar contra mi cuello.

Pega su cuerpo al mío. Puedo sentirlo todo. Sus manos están por todas partes. Me acaricia cada centímetro de mi piel. En un intento de tomar yo el control, Danny me agarra de las muñecas y me da la vuelta. Con una mano me aplasta la cara contra la pared y con la otra desabrocha mi pantalón. Esa mano se cuela dentro de mis calzoncillos y a la vez que pego un grito, Danny muerde en mi hombro.

- Nada de gritos esta noche - susurra contra mi oído.

Gruño y Danny ríe sutilmente. Los dos sabemos que Georgia puede descubrirnos en cualquier momento, pero estamos tan excitados que nada nos va a parar. Pone sus dos manos en mis hombros y comienza a bajarlas, muy lentamente, haciéndome sufrir. Decide acompañar sus movimientos con besos y pequeños mordiscos en mi cuello y hombros. Odio que siempre tome él el control, pero es... tan... excitante. Cuando termina el recorrido, me gira y ataca mis labios con ansia. Pega su entrepierna a la mía y la mueve. Jadeo contra su boca y vuelve a hacerlo.

- Joder...
- ¿Quieres que pare? - me pregunta con esa mirada lasciva que solo yo conozco. Bueno y su barbie.
- Quiero que me folles - jadeo. - Ahora

Danny enseña sus dientes en una sonrisa chulesca y vuelve a besarme. Se deshace del resto de mi ropa y deja que yo haga lo mismo con la suya. Le quito la camiseta y la dejo caer al suelo. Me agacho y le voy bajando lentamente el pantalón junto a los calzoncillos. Me muerdo el labio, impaciente por tenerlo dentro de mí. Danny me levanta y me vuelve a apoyar contra la pared. Me separa un poco las piernas y se pega a mí. Piel contra piel. Sus manos suben y bajan por mis piernas. Cierro los ojos cuand noto cómo me va penetrando poco a poco. Pero de repente para.

- Quiero verte - me coge la mano y me lleva hasta el pequeño sofá que hay en el estudio.

Se sienta y me hace una seña para que yo haga lo mismo, encima de él. ¿Dónde está el Danny salvaje que me iba a follar hasta perder el sentido?

- No me mires así - dice con una sonrisa pura, bonita. Una sonrisa de enamorado. - Quiero verte mientras hacemos el amor.
- Quién eres tú y qué has hecho con Danny - le miro con una ceja alzada y él simplemente me besa.
- Déjame hacerte el amor esta noche, Doug.

Asiento como un lelo y sin más dilación, dejo que se deslice en mi interior. Suave, con delicadeza. Pone sus manos en mi cadera y me ayuda con el sube y baja. No deja de mirarme. Yo me agarro a sus hombros y me muevo a un ritmo lento, con cariño. Por primera siento que de verdad me quiere. Sus ojos me lo dicen. No deja de sonreír. Es como si estuviese feliz, muy feliz. Me inclino y le beso. Oh, qué bien sientan sus besos. Deja de sujetarme la cadera. Con una mano acaricia mi espalda y con la otra, agarra mi erección. Cierro los ojos y echo la cabeza hacia atrás cuando noto cómo su mano comienza a moverse. Son movimientos lentos, pausados. No quiere correr. Quiere que dure, como si de esta forma me demostrase algo, pero no logro saber el qué. Mis labios se pegan a los suyos mientras mi uñas se clavan en sus hombros en un intento de ahogar mis gritos. Que Danny me trate así es delicioso. Me siento especial, querido. Cuando noto que el clímax está cerca, aumento el ritmo. Puedo ver que Danny también está cerca del orgasmo, porque su nariz se arruga de una forma especial. Y como si estuviésemos sincronizados, dejamos que nuestros cuerpos se liberen a la vez.

Los dos sonreímos no sé muy bien porqué. Estoy sentado a su lado y él me abraza. Ninguno habla. Solo respiramos despacio intentando recuperar la normalidad. Danny se levanta y me tiende la mano. Dudoso se la agarro con fuerza y dejo que me lleve a donde quiera. Salimos del estudio y llegamos a la entrada.

- Dan, fuera hace frío. ¿No dejarás que salga así, verdad? - le miro asustado y él sonríe y me señala las escaleras. - ¿Y qué pasa con Geo?

Ni caso. Tira de mí para que suba las escaleras y cuando llegamos a la puerta de su habitación le detengo. Estoy muy asustado. ¿Qué pretende? ¿Hacer un trío con su novia?

- Doug, confía en mí - me besa dulcemente y después abre la puerta.

Entramos y Danny enciende la luz. Mis ojos y mi boca se abren desmesuradamente. No me lo puedo creer. Pegado a la pared hay un enorme cartel en el que pone: "¿Quieres dormir conmigo esta noche?".

- ¿Y Geo? - le miro atónito y veo cómo pone los ojos en blanco.
- Doug, Georgia hace días que se fue - se acerca a la cama y se sienta, esperando que yo haga lo mismo.
- ¿Por qué?
- No quería seguir engañándola - da una palmada a su lado ya que ve que sigo quieto en la puerta.
- ¿La has dejado? - asiente. - ¿Por mí?
- Sí, Doug - se levanta y viene hacia mí. - Te quiero.

Me besa dulcemente y en un arrebato de felicidad me pongo a dar saltos y a gritar.

- Para, Doug. Tengo vecinos - dice abrazándome por detrás, pero yo estoy tan feliz que me da igual.
- Lo has hecho - digo dándome la vuelta y mirándole. - ¡Has salido del armario!
- Para el carro, enano - se ríe al ver mi cara de confusión y me besa antes de seguir. - No le he dicho a Geo nada de lo nuestro. Nadie lo sabe...
- Pero lo sabrán - digo como si conociese el futuro.
- Lo sabrán - sonríe y me lleva hasta la cama. - Pero déjame primero disfrutar de ti.


Me tumba sobre la cama y vuelve a besarme, sin prisas, sin escondernos. Por fin.

Un par de cervezas

Mientras Joe se terminaba de vestir yo me acariciaba el vientre, tumbada desnuda en la cama y mirando el techo. El ruido de la cadena del váter hizo que dirigiera mi mirada al baño. Joe abría la puerta en ese momento y con un "te quiero" salía de mi cuarto, con las llaves de su coche en la mano, dispuesto a irse.

Joe era mi novio, pero aún no me había atrevido a decirle que se mudara conmigo. No estaba preparada. Y muchos menos con cierto problema que rondaba mi mente cada vez que me acostaba con él.

Me levanté y me puse mi bata. Fui hasta la cocina y cogí un vaso de agua. Después de bebérmelo de un trago, miré el reloj. Era tarde, pero necesitaba desahogarme con alguien. Busqué mi móvil y cuando lo encontré le llamé.

- ¿Diga? - dijo una voz ronca.
- ¿Danny? ¿Te he despertado?
- Sí, pero no te preocupes. ¿Qué ocurre? - me preguntó después de aclararse varias veces la voz.
- Necesito una copa.
- Claro. Dame 20 minutos. Me visto y voy para allá - dijo Danny.
- No. Prefiero ir yo a tu casa, así salgo y me despejo.
- ¿Segura?
- Sí, en un rato estoy allí - y colgué.

Danny era como mi salvador. Nos conocíamos desde pequeñitos y siempre habíamos estado juntos. Yo le ayudaba con sus conquistas y él me escuchaba durante horas hasta que conseguía dejar de llorar.

Me puse la ropa que había tirada por el suelo, cogí el bolso y salí de mi casa. Danny vivía relativamente cerca de mí. Él podía estar en 5 minutos en mi casa cuando cogía su coche y a mí me costaba casi media hora llegar a la suya. Pero me gustaba caminar, sobre todo cuando necesitaba pensar.

Llegué y me paré en el pequeño jardín que tenía Danny en la entrada de su casa. Él se encontraba sentado en las escaleras, sujetando dos cervezas. Me hizo una seña para que me acercase a él y me sentase a su lado. Cuando lo hice, Danny dejó las cervezas en el suelo y me abrazó. Derramé un par de lágrimas sobre su hombro y después Danny me ofreció una de las cervezas.

- ¿Pasamos dentro y me cuentas? - yo asentí y agarrando su mano, entramos dentro.

Me llevó hasta el sofá. Me senté y vi cómo Danny desaparecía un momento del salón. Cuando volvió, traía una botella de vino y dos copas.

- No me quedan más cervezas - dijo y soltó una carcajada.

Danny se acomodó a mi lado y esperó a que yo hablara, sabía que necesitaba mi tiempo.

- Te dije que tenía problemas con Joe - le dije mientras jugaba con la cerveza entre mis manos.
- Sí, pero nunca me has dicho la razón.
- Verás - respiré profundamente y hablé. - Yo... Esto...
- ¿Te da vergüenza decírmelo? - yo asentí y Danny empezó a reírse.
- Danny - él paró y me miró asustado. - Desde que estoy con Joe no me he corrido ni una sola vez.
- ¿Qué?
- Me has oído, no me hagas repetirlo - aparté mi mirada de la suya, muriéndome de la vergüenza.
- Es que no puede ser - dijo cogiendo la botella de vino y sirviendo en los dos vasos. - ¡Pero si lleváis 10 meses!
- ¡Ya lo sé, joder! - cogí el vaso y me bebí todo el vino.
- ¿Y por qué sigues con él?
- No lo sé. Supongo que le quiero - volví a escuchar la risa de Danny.
- ¿Supones? - hizo una pausa. - ¿Y por qué me lo cuentas ahora?
- Porque antes pensaba que era normal. Es mi primera relación seria. No he follado con nadie más.
- ¿Y qué quieres decir con eso?
- Que igual estoy estropeada, no sé - Danny al oír eso me dio un golpe en el brazo. - ¡Es verdad! Me toca y no siento nada, me masturba y tampoco, y lo mismo cuando me folla. Igual me pasa algo dentro y no puedo follar y me tengo que quedar sola para el resto de mi vida.

Empecé a sollozar y Danny me puso una mano en la pierna. Un pequeño escalofrío recorrió todo mi cuerpo. Y él pareció darse cuenta.

- ¿Lo ves? - miré a Danny para que me diera una explicación. - Te acabo de tocar y tú te has estremecido, ¿o me equivoco?
- No me lo esperaba, por eso he reaccionado así - volví a romper el contacto visual.
- Claro, seguro que ha sido por eso - volvió a repetir el gesto y yo volví a estremecerme. - No estás rota ni nada parecido.

Estuvimos varios minutos en silencio. Miré un punto fijo del salón y empecé a pensar en lo que había pasado. Igual Danny tenía razón. Quizá no era culpa mía. O igual era porque estaba un poco borracha y mi piel era más sensible de lo normal. Pero mi cabeza se decantaba más por la primera opción. Incluso sonreí ante el hecho de que había sido Danny el que me había provocado esos escalofríos.

Noté que el sofá se hundía a mi lado y giré la cabeza, encontrándome con la cara de Danny muy cerca de la mía. No sabía qué hacer. Yo estaba con Joe, no podía ponerle los cuernos. ¿O sí? Estaba harta de ser un mero objeto sexual, abrirme de piernas para que mi novio me follara, se corriera y luego no se preocupara en darme placer a mí.

Danny se acercó a mi cuello y posó sus labios allí donde tantas veces lo había hecho Joe. Pero esta vez fue diferente. Esta vez sí que sentí algo. Danny lo notó y sonrió.

- ¿Sabes qué creo que pasa? - yo no respondí, simplemente me dejé llevar por las nuevas sensaciones que él me estaba ofreciendo. - Joe no es el adecuado. Él es el culpable de que no hayas sentido nada en estos 10 meses. Y creo que ya va siendo hora de que disfrutes.

Me miró a los ojos y tras dejar mi copa en la mesa, se acercó a mis labios. Primero fue una leve caricia, un simple roce que hizo que sintiera ese revoloteo de millones de mariposas en el estómago que sientes la primera vez que te besa alguien. Se apartó un poco y volvió a conectar su mirada con la mía. Podía notar que él estaba sintiendo lo mismo que yo. Sus ojos brillaban y su sonrisa no había desaparecido en ningún momento. Me acarició la mejilla y volvió a mis labios, besándome con ternura, con delicadeza incluso. Hizo un poco de presión sobre mis hombros y me tumbó en el sofá, poniéndose él encima, sin aplastarme. Siguió besándome mientras empezaba a acariciarme por encima de la ropa. Notaba que mi corazón iba más rápido de lo normal, como si hubiese estado corriendo. Me costaba respirar y sentía que mi cuerpo ardía. Eso significaba que me estaba excitando, ¿no? Dejé de estar estática y metí una mano por debajo de su camiseta, acariciando su perfecta espalda. Danny tiró de la mía y con mi ayuda, me la quitó y la dejó caer al suelo. Volvió a besarme, jugando con nuestras lenguas, saboreándolo. Yo seguía acariciándole, con ansias, como si en ese momento tuviera prisas por desnudarle. Danny se incorporó y se quitó su camiseta, pero luego volvió a juntar sus labios con los míos. Puso sus manos sobre mis tetas, cubiertas aún por el sujetador. Danny dejó de besarme y miró hacia el lugar que estaba tocando. Observó que mis pezones se habían puesto duros y tras mirarme orgulloso por lo que había conseguido, se dirigió a mi cuello, estimulando cada rincón, provocándome pequeños gemidos, casi inaudibles. Nunca hubiera imaginado que pudiera llegar a gemir con tan solo caricias y besos. De repente noté una nueva reacción de mi cuerpo. Sentía que mi clítoris palpitaba, como si estuviera pidiendo atención. Y tener el duro bulto de Danny pegado a mi entrepierna, hacía que esas palpitaciones aumentaran. Busqué desesperada la boca de Danny y le mordí el labio, dándole a entender que estaba muy excitada y que necesitaba acción. Él lo entendió y se puso de rodillas en el sofá. Me besó y después, fue dejando un camino de besos por todo mi cuerpo, hasta que llegó al pantalón. Lo desabrochó lentamente, pero no tardó en quitármelo, dejándome solo con las bragas. Miró con atención esa zona y luego me miró a mí.

- Estás muy mojada - se acercó y me besó. - Parece que no estás tan estropeada como tú pensabas.
- Cállate idiota y fóllame de una vez - Danny se rió sobre mis labios y yo le agarré y le besé antes de dejar que me quitara las bragas.

Antes de volver a bajar, Danny me quitó el sujetador. Acercó su cara a una de mis tetas y mordió el pezón, tirando de él, estimulándolo. Con el otro hacía lo mismo pero con sus dedos. Me estaba volviendo loca, necesitaba sentirle dentro de mí y lo necesitaba ya. Levanté un poco mis caderas, provocándole para que dejara mis pezones a un lado y me arrancara la última prenda que cubría mi cuerpo. Danny volvió a ponerse entre mis piernas. Me acarició los muslos, provocándome cosquillas. Y antes de quitarme las bragas, puso un dedo sobre mi clítoris y lo movió en círculos, excitándome más aún si era posible. Cerré los ojos y volví a alzar las caderas. Estaba desesperada, ya no sabía ni lo que hacía. Danny se apiadó de mí y me quitó las bragas, pero con extrema lentitud, acariciando de paso mis piernas. En cambio, él se quitó lo que le quedaba de ropa muy rápido, sin esperas. Danny deslizó una mano por mi vientre y siguió bajando hasta mi sexo, haciendo que yo jadeara con el primer contacto. Introdujo un dedo, pero no tardó en añadir un segundo, metiéndolo más profundamente, masturbándome con esos dos dedos que me estaban haciendo perder el sentido. Danny los retiró y agarrando su polla con esa mano, la dirigió hacia la entrada de mi vagina. Dio pequeños toques, sin llegar a entrar aún. Si eso estaba haciendo que me volviera loca, sentirlo dentro de mí acabaría conmigo. Danny me agarró con una mano la cadera y con la otra empezó a trazar círculo sobre mi clítoris como había hecho antes. Sabía que eso me estaba excitando mucho más, pero a la vez me desesperaba.

- Danny. Por favor. Ahora... - le supliqué aunque tuviera la boca seca.

Me separó los muslos una vez más y con un movimiento de su cadera me penetró. Se tumbó sobre mí y empezó con un suave vaivén, mientras me besaba profundamente. Recorrió mi cuello con su lengua para luego morder y succionar mis pezones. Poco después, aumentó el ritmo, sabiendo que los dos estábamos tan excitados que no tardaríamos en corrernos. No estaba segura, pero había leído tanto sobre el orgasmo que podría decir que era eso lo que venía a continuación. Danny se centraba en mi cuello mientras yo convertía los pequeños gemidos en jadeos y estos en un brutal grito de liberación, como si todo mi cuerpo se hubiera tensado y después relajado, dejándome sin fuerzas. Con mi orgasmo, pude notar que Danny aumentaba el ritmo, volviendo a mis labios y besándome con demasiada fuerza. Ahogó un grito en mi boca y se corrió, saliendo de mí e intentando acomodarse a mi lado. Pero como el sofá era muy estrecho, perdió el equilibrio y acabó en el suelo. Aunque no tenía fuerzas, empecé a reírme.

- ¿Te acabo de follar y te ríes de mí? - dijo Danny desde el suelo.
- Es que eres un patoso - me asomé y le miré con una sonrisa en mis labios.
- Aquí abajo se está muy bien - intentó moverse dejándome un hueco.

Me dejé caer y sin querer lo aplasté un poco. Danny abrió su brazo para que me acomodara sobre él y me besó en el pelo.

- ¿Qué voy a hacer con Joe? - pregunté mientras acariciaba su tripa.

- La pregunta debería ser, ¿qué va a pasar entre nosotros? - me miró y yo a modo de contestación le besé.

Acampada

Nos encontrábamos tirados alrededor del fuego. Tom nos había propuesto ir de acampada y todos habíamos aceptado encantados. Hacía tiempo que no nos reuníamos los 7. Tom se llevó a Gi y Harry a Izzy. Luego estábamos los solteros de oro, Doug, Danny y yo.

Por culpa de una broma pesada de Harry, Dan se había ido a dormir pronto y ahora, el pollito y yo nos habíamos quedado de sujetavelas de las dos parejas. No paraban de besarse, darse caricias y decirse tonterías en el oído. Así que Dougie y yo empezamos a molestarlos un poquito, tirándoles lo que encontrábamos a nuestro alrededor, interrumpiéndoles en los besos o poniéndonos en medio de las parejas.

- Me aburro - dije cuando conseguimos que nos hicieran un poco de caso.
- Hagamos algo - me apoyó Doug.
- ¿Por qué no os vais a follar un ratito? - propuso Harry.
- ¡Pero qué burro eres Haroldo! - dije poniendo cara de asco. - Si somos como hermanos. Aunque si quieres podemos irnos tú y yo a una tienda.

Pestañeé un par de veces y recorrí con mi lengua el labio superior.  Eso hizo que Harry tragara sonoramente y mirara inquieto a Izzy.

- Yo... Esto... - Harry nos miró a los dos. Estaba muy nervioso.
- Joder macho. Parece que no conozcas a Nicole - dijo Doug aguantándose la risa.

Izzy y yo ya estábamos muertas de la risa. El pobre Harry me miraba con odio y aunque su novia intentaba darle un beso, éste no se dejaba.

- Venga tonto. Si sabes que no me pones - dije para intentar destensar el ambiente.
- ¿Eso es un cumplido? - dijo mientras volvía a tener entre sus brazos a Izzy.
- A ver paranoico. Que me pareces un tipo muy atractivo pero que no te llevaría al huerto. Ya sabes, tengo otros gustos - dije guiñándole el ojo.
- Nicole, tienes el gusto en el culo - dijo Doug riéndose de mí.
- ¿Pero qué dices?
- Te gustan los hombres con el cuerpo infestado de pecas - empezó diciendo el enano. - Con risas que dan ganas de arrancarte los oídos.
- ¡Ala que exagerado! - si el resto no sabía aún por donde iban los tiros, ya debían saberlo.
- ¡Y que además la tienen pequeña! - y capón que se llevó Doug cuando lo dijo.
- ¿Te gusta Danny? - me preguntó Gi.
- Por favor Gi, no me digas que lo has adivinado cuando ha dicho lo último - dije mientras seguía encima de Doug torturándole un poco.
- Tranquila, si ya sospechábamos algo - dijo con una gran sonrisa.
- Me dejas mucho más tranquila.

Todos se rieron de mí. Llevaba intentando ocultar que me gustaba el pecoso desde hacía tiempo. Y había sido en vano. Tenía unos amigos demasiado listos.

- ¿Danny sabe algo? - pregunté con vergüenza.
- Nada - me tranquilizó Tom.
- Menos mal. Dudo que quiera algo conmigo - dije secándome una lágrima imaginaria.
- ¿Y por qué piensas eso? - me preguntó Izzy.
- Soy morena - mi respuesta produjo una risa general. - A ver, ya sabéis que a Danny le gustan rubias.
- Definitivamente tú eres la tonta del grupo - dijo Harry entre risas.
- ¡Oye! Sin faltar, eh - me crucé de brazos y esperé a que terminaran.
- Eres guapa, divertida, inteligente y sexy - dijo Gi. - Da igual que seas rubia, morena o pelirroja. Deberías lanzarte.
- No quiero que me rechace.
- Y no lo hará - dijo Tom con seguridad.
- ¡Gallina! - soltó de repente Doug.

Y todos parecieron ponerse en mi contra, porque empezaron a decirme que era una gallina y que no tenía lo necesario para meterme en la tienda de Danny y atacar.

- Estará dormido - intenté escaquearme.
- ¿Desde cuándo te ha importado a ti eso? - preguntó Doug.
- Sois unos pesados.
- Y por eso mismo vamos a seguir así hasta que levantes el culo y entres en su tienda - dijo Harry mientras me daba golpecitos en la pierna.
- Lo estás deseando - dijo Gi. - Te mueres de ganas por ir, pero tu cabezonería te lo impide.
- Más bien me impide el hecho de que si entro, vosotros estaréis aquí fuera escuchando - otra vez se echaron a reír.
- ¡Como si tú no nos hubieras oído a nosotros! - soltó Doug.
- Está bien, iré - me levanté y los chicos aplaudieron.

Caminé hasta su tienda y antes de entrar miré hacia donde estaban mis amigos. Me hacían gestos para me diera prisa, yo bufé y abrí la cremallera.

Y ahí estaba él, tumbado encima de todos los sacos de dormir. Ni siquiera se había molestado en meterse dentro de uno. Me acerqué sigilosamente y me arrodillé a su lado, observándole. Miré a la salida de la tienda dispuesta a irme, pero ellos tenían razón, debía arriesgarme.

Acerqué mis labios a su oído y soplé, con la esperanza de provocarle algún escalofrío. Pegué un pequeño mordisco en el lóbulo de su oreja ya que no veía ninguna reacción por su parte. Danny se revolvió y murmuró algo. Volví a morder en el mismo lugar.

- Doug, no seas pesado y déjame dormir - dijo sin abrir los ojos.
- No soy Doug - susurré en su oído.

Danny abrió un ojo pero lo volvió a cerrar.

- Entonces estaré soñando - soltó una carcajada.
- ¿Soñando? - dije mientras daba pequeños besos en su cuello.
- Sí. Solo en mis sueños me haces esto - seguía sin abrir los ojos.

Paré un momento y le miré a la cara.

- ¿Me estás diciendo que tienes sueños eróticos conmigo? - Danny abrió los ojos.
- Si prefieres llamarlos así... - dijo y empezó a pellizcarse. - Definitivamente esto no es un sueño.
- No. No lo es - me acerqué lentamente a él. - Danny...
- Dime - él miraba mis ojos y después mis labios sabiendo lo que iba a pasar a continuación.
- Voy a besarte - susurré contra su boca.
- Vale - antes de besarle ensanchó su sonrisa.

Primero fue una leve caricia de nuestros labios, provocando miles de pequeñas descargas por todo mi cuerpo. Con ese simple roce los dos cerramos los ojos, deseando saborearnos. Fue Danny el que atrapó mis labios entre los suyos, besándome con mucha dulzura.


Pero ese beso no tardó en volverse fiero, apasionado. Sin despegarme de sus labios, me senté sobre su cadera, intentando no aplastar nada que no debía. Danny, que hasta ese momento no se había movido ni un milímetro, pegó sus manos a mis muslos, apretándolos y acariciándolos por encima de mis vaqueros. Dejé de besarle y volví a su cuello, dejando marcas por todos los rincones, lamiendo y soplando, provocando que Danny se retorciera debajo de mí. Volví a sus labios, tirando de ellos, mordiéndolos, introduciendo mi lengua sin clemencia, escuchando pequeños jadeos que salían de la garganta de Danny. Seguía besándole mientras él metía sus manazas dentro de mi camiseta. El contacto con su piel me hizo estremecer. Con cada caricia que me hacía yo me excitaba más. Tiró de la camiseta y me la quitó. No contento con eso, dirigió sus manos al broche de mi sujetador y una vez quitado y tirado, me dio la vuelta, poniéndose él encima. Me miró durante un segundo y volvió a mi boca, besándome sin ningún cuidado, haciéndome daño. Pero él sabía que yo no me quejaría, los dos estábamos tan excitados que nos daba igual si no controlábamos nuestra fuerza. Danny se quitó la camiseta y pegó su pecho al mío, piel contra piel. Se desplazó hasta mi oreja, dejando tiernos besos por mi mandíbula. Cerré los ojos al sentir sus dientes morder el lóbulo de mi oreja. Después bajó con húmedos besos hasta mi cuello, marcándolo como yo había hecho antes con él. Danny gimió en mi cuello al sentir cómo desabrochaba el botón de su pantalón y volvió a besarme frenéticamente. Su lengua descendió a mis tetas, mordiendo y lamiendo mis pezones, rozándolos con sus dedos y provocándome gemidos que intentaba disimular, para que solo Danny me escuchara. Sus besos fueron bajando por mi vientre hasta que se topó con mi pantalón. Me miró como si me pidiera permiso y yo solo me mordí el labio y clavé mi mirada en la suya, incitándole a que lo hiciera. Él sonrió y desabrochó el botón y me bajó la cremallera con demasiada lentitud, volviéndome loca. Tiró un poco del pantalón y de las bragas y pasó su lengua por la zona que ahora estaba descubierta. Me retorcí de placer con el contacto de su saliva. Tiró un poco más del pantalón y se deshizo de él, llevándose también las bragas. Ahora estaba completamente desnuda bajo la turbia mirada de Danny que no dejaba de mirar mi cuerpo y de relamerse. Se quitó lo que le quedaba de ropa y se situó entre mis piernas, acariciándolas y apretándolas con avaricia, como si hubiese esperado mucho tiempo a tenerlas para él. Recorrió mis muslos hasta llegar a mis caderas, agarrándome y acercándome a él todo lo que pudo. Con una mano acarició el interior de mi pierna. Yo le miré pero en cambio él no dijo nada, solo me sonrió y siguió subiendo su mano, rozando mi vello púbico e introduciendo en mi sexo uno de sus dedos. Pero no tardó en meter un segundo dedo. Mientras me masturbaba me lamía y succionaba el clítoris, acompasando los dos movimientos. Danny me miraba de vez en cuando pero yo no le veía a él porque tenía los ojos cerrados, disfrutando de las sensaciones que me provocaba su lengua junto a su mano. Empecé a gemir más alto y a mover todo mi cuerpo como si no pudiera estarme quieta. Danny, satisfecho con mi reacción, volvió a mis labios, besándome ardientemente, metiendo su lengua en mi boca y jugando, haciéndome probar el sabor de mis propios fluidos. Bajó su mano, acariciando todo mi cuerpo hasta llegar otra vez a mi sexo, separando mis piernas y penetrándome despacio, sintiendo cómo entraba dentro de mí y disfrutándolo. Me sujetó las manos por encima de mi cabeza y empezó a aumentar el ritmo aumentando así mi placer. Cuando Danny notaba que me tensaba, disminuía un poco el ritmo para que durara lo máximo posible. Estaba siendo cruel conmigo pero los dos sabíamos que el final sería infinitas veces mejor. Me besaba, me mordía el cuello, yo le arañaba la espalda y él me gemía en el oído. Una gota cayó sobre mi frente. Era su sudor y me gustaba. Me abracé muy fuerte a él, enredando mis piernas a su cintura, apretando para sentirlo más cerca. Danny hundió su cabeza en mi hombro sabiendo que no tardaría en correrse. Cogí su cara con mis manos y le besé mientras él me penetraba por última vez, lenta pero decididamente. Salió de mí sin ninguna prisa y se tumbó a mi lado. Nos pusimos de lado para poder mirarnos mejor y estuvimos en silencio recuperando el aliento. Me acarició la mejilla llevándose parte de mi sudor y yo me acerqué para besarlo una vez más antes de quedarnos dormidos.